Robert Potash, en su libro "Perón", dice que para poder entender a este líder, primero hay que entender al argentino. Y el argentino del último siglo, ha demostrado ser un cobarde. Un cobarde cívico y sobre todo un cobarde intelectual. Ha demostrado ser incapaz de asumir la responsabilidad de tomar decisiones, ha demostrado su dependencia y su sometimiento absoluto a la voluntad del mandamás de turno. Desde Irigoyen a la fecha (por no analizar cosas más viejas), hemos buscado desesperadamente un caudillo que nos diga qué debemos hacer, un cabecilla que resuelva nuestros problemas. Hemos resignado nuestro derecho y obligación de pensar y de decidir, y hemos optado por cederle el control de nuestras vidas al líder del momento. ¿Por qué? Porque es más simple cargar las culpas de nuestro fracaso sobre los hombros de aquel al que coronamos como nuestro salvador. Y decimos coronamos, porque en el fondo, nunca dejamos de ser monárquicos, porque nos aterra el desafío de ser una república y de ser los soberanos de nuestras vidas. Es así que, los que nos han gobernado durante los últimos 90 años, fueron los mesías de los que esperábamos algún milagro. La política sin valores y sin convicciones humanísticas que asume el rol de darle respuesta farsesca a esta sociedad anómica la cual espera todo de ellos ( algún milagro) ,vive desgarrada entre la contradicción de lo que se dice y lo que hace:(mienten sin parar).. Sus aspiraciones de cambiar el mundo conviven sin contradicción visible con los afanes íntimos por cultivar sus propios símbolos y practicar sus exclusivas idolatrías. Si el “bolso” parecería ser el símbolo distintivo del kirchnerismo, su ritual preferido intentaría manifestarse en ese instante sublime en que Néstor se arrodilla ante una caja fuerte para proclamar la hora de la verdad (extashis). La idolatría al dinero y los privilegios del dinero conviven sin mayores conflictos existenciales con una retórica a favor de los pobres y un clientelismo concebido como el garante de una sociedad pasiva, dócil y resignada. Conclusión con final abierto: En el marco del escenario populista, lo que sobrevuela a la hora del crepúsculo es el espectro descarnado del hastío; la sensación de deambular por un paisaje en ruinas bajo un cielo indiferente y un horizonte de cenizas. No es del chancho la culpa dicen hace añares en el campo, sino de los que le dan de comer. Por su parte Atahualpa Yupanqui nos decía, que “ el miedo no es zonzo pero es zonzo quien vive temblándole a todo.. y los argentinos vivimos temblando mientras caemos al abismo porque nos falta la valentía de los que aman con fervor a los suyos y a sus cosas.. ¿Será que nos falta amor?
Quien ejerce el amor al prójimo desde el amor a Dios recibe gracias, pues con las obras de misericordia, está haciendo la Voluntad de Dios. “Den y se les dará” (Lc. 6, 38). OBRAS DE MISERICORDIA CORPORALES 1. Enseñar al que no sabe 2. Dar buen consejo al que lo necesita 3. Corregir al que está en error 4. Perdonar las injurias 5. Consolar al triste 6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás 7. Rogar a Dios por vivos y difuntos OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES 1.Visitar y cuidar a los enfermos. 2.Dar de comer al hambriento. 3.Dar de beber al sediento. 4.Dar posada al peregrino. 5.Vestir al desnudo. 6.Visitar a los presos. 7.Enterrar a los difuntos.
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