Son muchos los que dicen que la Argentina es un país imprevisible. Pero se equivocan. Hay cosas muy previsibles o demasiado esperables. Ningún día es igual a otro. Eso es verdad. Tanto como que todos, al final de un período, se parecen. Siempre hay una crisis esperando a la vuelta de cualquier esquina o de cualquier año. El día de la marmota, ese que siempre se repite, podría haberse filmado a lo largo de las últimas décadas en la Argentina. Aunque habría que haber hecho algunas modificaciones para remarcar el proceso inexorable de la degradación, que la película puede eludir. La realidad siempre supera a la ficción. Pero la reiteración no exime de las sorpresas. También a repetición. Las últimas corren por cuenta de Mauricio Macri y Cristina Kirchner. En tiempos electorales, cuando lo natural es la confrontación, el Presidente y su predecesora, que aspira a sucederlo, han salido a proponer consensos políticos y contratos sociales. Esos que en tiempos de diálogo retacearon. Un país muy previsible. ¿O incambiable?
Son fiestas y rituales de renovación y purificación Cristianas pero con orígenes paganos. Con anterioridad al Cristianismo, en el continente europeo se festejaba la llegada del solsticio de verano (el verano). “Los días se van haciendo más largos, (lógico, hablamos en el hemisferio norte), se desarrolla la vida de las plantas y animales, y en el solsticio de verano se encendían fogatas de fiesta a la puesta del sol, que permanecían encendidas hasta su nueva salida, para abolir para siempre la oscuridad, SÍMBOLO DEL MAL (recordamos que Dios es luz)…En esa noche mágica, como en Nochebuena, se produce la comunicación entre el mundo profano y el mundo sagrado. Desde nuestra duración temporal, una transitoria brecha nos permite comunicarnos con lo trascendente.. Los cultos populares son propios para el sincretismo, y esto permite que se vinculen entre sí ritos opuestos. El sentido purificador del fuego se mesclaba con el rito estival de la fogata. Los CRISTIANOS PUSIERON ...
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