Hay una infinidad de ratas en las ciudades. Andan por todos lados. Es una verdadera invasión. Se te aparecen desde cualquier sitio. Van y vienen, zigzagueantes. Ocupan casi todos los espacios. Se meten y salen de los recovecos. Son miles de ratas que circulan en todas las direcciones. No respetan nada. Se te adelantan a toda velocidad y nos esquivan con lo justo. No nos chocan por milagro. Se cruzan y se pasan por centímetros unas a otras. Ni los cracks del fútbol logran gambetear tan bien como lo hacen ellas. Ya no caben dudas, son ratas que aprendieron a manejar y conducen motos, autos y colectivos, y hasta poseen licencia para hacerlo, pero no dejan de ser ratas. Manejan temerariamente, bordean los límites, efectúan peligrosos virajes, frenan y aceleran caóticamente. Atraviesan las bocacalles en el último segundo de la luz amarilla o directamente con la roja. No se las puede disciplinar porque se rigen por instintos, y no se las puede detener porque huyen rápidamente sin dejar rastros. Eran humanos, pero han abandonado esa condición ya hace tiempo. Ahora son conductores-ratas, o, en todo caso, hombres-ratas. Debido al creciente número de estos hombres-ratas salvajes y agresivos que pululan en el tránsito urbano. Nosotros, los seres humanos normales, debemos continuar perseverando –con nuestros vehículos, o de a pie– y defendernos como podamos de esta invasión.
Por Jorge Ballario DNI 10.858.926 Marco Juárez (Córdoba) (fuente diario La Capital 12/05/2019)
Por Jorge Ballario DNI 10.858.926 Marco Juárez (Córdoba) (fuente diario La Capital 12/05/2019)
Comentarios
Publicar un comentario