Un millennial no ahorra lo mismo que un emigrante de la posguerra. «Va a ser muy difícil que cualquier modelo económico pueda en el futuro prescindir del consumo», anticipó hace años el economista Miguel Bein en un seminario en la Unión Industrial Argentina. ¿Cómo pedir austeridad a una ciudadanía cuyos estándares y aspiraciones están muy por arriba de los de sus abuelos? ¿Cómo pregonarla en un país con productividad latinoamericana que, con criterios de norte europeo y celebraciones de casi el 100% de su establishment, duplicó en los últimos años la cantidad de jubilados, muchos de los cuales jamás aportaron a la seguridad social? El Gobierno cree que hay un tercio de la población que nunca entenderá una renuncia a lo que ya incorporó como derechos. Su temor a Cristina Kirchner es ahora una coincidencia con los empresarios, y acaso la única razón por la cual estos podrían aceptar acuerdos de precios en los que jamás creyeron. En realidad Macri tampoco El gran desafío de Occidente es ejercer liderazgos ante sociedades con menos paciencia. Macri suele recordar en la intimidad una queja que le oyó a Macron: no llevaba seis meses en el poder y ya tenía la imagen por el piso.
Por: Francisco Olivera (fuente La Nación)
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