Romero los llamó «muertos vivientes» porque su hipótesis era que el virus del odio mata la razón: las personas se siguen moviendo, van de un lado a otro, emiten sonidos, pero ya no piensan. El mal no es la confrontación entre intereses en pugna, o la abierta discusión de ideas. El mal es la derrota de los argumentos como forma de dirimir conflictos, la pérdida de la empatía, la exacerbación de las diferencias. Los políticos se encargaron de diseminar el mal para beneficio propio. La historia está plagada de esos picos de tensión, en general promovidos por gobiernos débiles que azuzan el odio social para fortalecerse. Lo usó el kirchnerismo, en especial durante el último mandato de Cristina, a la par del aumento de la crisis económica. Desde la TV pública se insultaba a los que pensaban distinto y se castigaban las mínimas disidencias. Se organizaban juicios públicos contra opositores y marchas con niños que hacían fila para escupir las fotos de periodistas. El secretario de Comercio atendía con un arma sobre la mesa y había cadenas nacionales periódicas con una presidenta casi siempre en estado de emoción violenta. Ese ODIO GENERÓ OTRO EN SENTIDO CONTRARIO. Así llegó a la presidencia un hombre sin partido, aire fresco para una mayoría que lo convirtió en el primer mandatario no peronista ni radical. Macri respondía con moderación a los desplantes de la ex presidenta, prefería hablar del futuro e invitaba en sus viajes a los líderes opositores. Fue una estrategia política, aunque se convirtió en una posibilidad de cura social. Después pasaron cosas. Los segundos semestres tardaron en llegar y lo que se prometía sencillo no lo fue. Entonces, los laboratorios del macrismo cometieron el peor error de su gestión: recurrir a la vieja receta de los gobiernos débiles para sobrevivir. Olvidaron la escenificación del diálogo con la oposición y convirtieron a Cristina Kirchner en EL CENTRO DEL SISTEMA SOLAR. Círculo vicioso: Hoy la mayoría de las encuestas le atribuye chances a la ex presidenta. Eso acentúa la incertidumbre económica y agudiza la crisis, lo que a su vez aumenta las posibilidades de Cristina. Esta situación genera, además, que cualquier anuncio del Gobierno pierda efecto. En un país en el que un tercio está enfermo de odio contra otro tercio, es dudoso que prenda fácil el antivirus del optimismo económico.
(Fuente www.perfil.com).por Gustavo Gonzalez 21/04/2019
(Fuente www.perfil.com).por Gustavo Gonzalez 21/04/2019
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