El Papa Francisco reflexionó, sobre “el cansancio” del
pueblo de Israel tras el éxodo de Egipto, y advirtió que, al igual que los
israelitas, en ocasiones los cristianos “prefieren el fracaso” porque permite
refugiarse en el lamento y la insatisfacción, “el campo perfecto para la
siembra del diablo”. Como se lee en el Libro de los Números, “el pueblo de Dios
no soportó el viaje” a través del desierto, explicó Francisco. Rápidamente
desapareció el entusiasmo y la esperanza de la huida de Egipto, de la
esclavitud. En ellos, “el espíritu de cansancio les quitó la esperanza. El
cansancio es selectivo: siempre nos hace ver lo malo del momento que estamos
viviendo y olvidar las cosas buenas que hemos recibido”. “Cuando nos
encontramos en la desolación, no soportamos el viaje y buscamos refugio en los
ídolos o en la murmuración”. “Ese espíritu de cansancio también nos lleva a
nosotros, cristianos, a un modo de vivir insatisfecho: el espíritu de la
insatisfacción. Nada nos gusta, todo va mal…”. Advirtió que “el miedo a la
esperanza”, lleva a ceder al fracaso, y
esa “es la vida de muchos cristianos. Viven lamentándose, viven criticando,
viven en la murmuración, viven insatisfechos”. Dice la Biblia que el pueblo de
Israel “no soportó el viaje”. Y al igual que los israelitas, el Papa aseguró
que “nosotros los cristianos muchas veces tampoco soportamos el viaje. Y
nuestra preferencia el agarrarnos a la derrota, es decir, a la desolación. Y la
desolación es la serpiente, la vieja serpiente, la del Paraíso terrestre. Es un
símbolo: la misma serpiente que sedujo a Eva es la misma serpiente que tenemos
dentro, que habita en la desolación”. El Papa finalizó su homilía pidiendo que
“el Señor nos libere de esta enfermedad”.
Son fiestas y rituales de renovación y purificación Cristianas pero con orígenes paganos. Con anterioridad al Cristianismo, en el continente europeo se festejaba la llegada del solsticio de verano (el verano). “Los días se van haciendo más largos, (lógico, hablamos en el hemisferio norte), se desarrolla la vida de las plantas y animales, y en el solsticio de verano se encendían fogatas de fiesta a la puesta del sol, que permanecían encendidas hasta su nueva salida, para abolir para siempre la oscuridad, SÍMBOLO DEL MAL (recordamos que Dios es luz)…En esa noche mágica, como en Nochebuena, se produce la comunicación entre el mundo profano y el mundo sagrado. Desde nuestra duración temporal, una transitoria brecha nos permite comunicarnos con lo trascendente.. Los cultos populares son propios para el sincretismo, y esto permite que se vinculen entre sí ritos opuestos. El sentido purificador del fuego se mesclaba con el rito estival de la fogata. Los CRISTIANOS PUSIERON ...

Comentarios
Publicar un comentario